Mi
Mundo en los "Ángeles"
Refugio sin alas.
Vivo en un rincón donde las luces brillan, pero no me calientan. Un lugar donde se supone que todos tienen hogar, pero yo no. Mi vida transcurre en las calles de una ciudad que olvida a quienes no la adornan. Soy un perro, una sombra más entre los cientos que caminan en silencio, esperando el siguiente día, aunque no sé si mañana llegará.
En este lugar, que llaman Los Ángeles, no hay cielos despejados ni cielos oscuros. Solo hay humo. El fuego no se ve, pero se siente, se huele, y se clava en la piel. El aire está denso, pesado, como si el mismo cielo llorara por todo lo que ha perdido. Y yo, un alma errante, he sido testigo de cómo este paraíso se convierte en un infierno.
El mundo me ha enseñado a ser fuerte, a correr sin esperar, a protegerme de mis propios miedos. Pero el fuego no entiende de defensas. No sabe de rincones, de puertas cerradas o de corazones que laten por algo más que sobrevivir. El fuego arrasó con mi refugio, con mi hogar de cartón y recuerdos rotos. Ahora soy solo una huella más en las calles, buscando un rincón que me dé paz, aunque solo sea por un instante.
¿Quién defenderá a los que no tienen voz? ¿Quién protegerá a aquellos que no pueden escapar? Los incendios no trajeron solo la muerte, trajeron consigo la soledad más profunda. Me encontré solo, rodeado de cenizas, con un corazón que no sabe si llorar o seguir corriendo.
No busco ser un héroe ni una víctima. Solo soy un ser que anhela un respiro, un lugar donde esconderse del miedo, donde la vida pueda ser más que una carrera por sobrevivir. Pero aquí, en mi mundo de "Ángeles", he aprendido que los refugios no siempre tienen alas, y que los hogares no siempre son de ladrillo. A veces, son solo momentos de calma en medio del caos.
Hoy, al mirar el horizonte lleno de humo, me pregunto si algún día alguien verá más allá de las luces brillantes. Si entenderán que, aunque mis pasos sean invisibles, mi sufrimiento es real. Mi vida no se mide por las calles que recorro ni por las esquinas que habito. Se mide por los recuerdos que aún guardo, por las esperanzas que conservo, aunque se desvanezcan con el viento.
Este es mi mundo: un refugio sin alas. Un mundo compartido por tantas especies que, como yo, sufren la desesperanza de haber perdido su hogar. No somos solo simples animales. Sentimos, sufrimos y enfrentamos un mundo que nos arrebata la tranquilidad de nuestro entorno. En esta ciudad que sueña con ángeles, todavía queda mucho por aprender.
Autor: Eliana Flórez Pineda
Bogotá - Colombia
